¡Que llegues a buen puerto!

Carlos Álvarez
Cantante lírico, barítono
PREMIO NACIONAL DE MÚSICA 2003

En la ciudad de Turín, a 28 de julio de 2017

Son las doce de la mañana y estoy en la pausa de mi ensayo de Falstaff en el Teatro Regio de Turín… Si los plazos establecidos en las cláusulas, normas, addenda, artículos y toda la reglamentación y legislación “desaprovechada” hasta hoy acerca de nuestro requerido Auditorio (llámenlo así o como mejor definiera su uso…) se hubieran cumplido, hoy quizás podría estar haciendo esto mismo en mi ciudad: debe ser la fuerza del destino (1). ¡Lástima que la percepción de la música cultivada por quienes han de “cuidar” de ella no esté a la altura de la expectativa! Sin embargo, el auge de actividad exclusivamente musical en Málaga es evidente y requeriría de una respuesta institucional que, con visos de “lamarckismo sociológico”, cumpliera con la máxima política de crear la posibilidad (auditorio) para que se desarrollara el hábito…pero esto requiere de una ideología que, hasta ahora, no ha demostrado, en ninguna circunstancia, respeto por los ciudadanos.

Pueden deducir ustedes que respiro por la herida, como si de un neumotórax lírico estuviésemos dando el diagnóstico y…, Efectivamente; pero he de reconocer que, en todo caso, se ha convertido, en mi caso, en una pequeña/gran espina enconada que ha encontrado su sitio, que no molesta durante la vida normal pero que sí noto cuando me la tocan…

¿Cuántos años llevamos discutiendo alrededor de las conveniencias e inconveniencias (2) de tener en esta ciudad nuestra una estupenda maquinaria de creación cultural (y económica) que acompañaría, en estos momentos de expansión turística que otros aprovechan para reivindicar espacios públicos para la inversión privada, en el desarrollo definitivo de la considerada favorita (3) entre las ciudades españolas para vivir?

Quizás la mejor narración de todo este proceso (si les suena este término estos días, en nuestra situación es de sentido radicalmente contrario, es decir, desanima por su falta de insistencia…) la haya escrito, en la prensa diaria, Antonio Javier López, en un artículo titulado “Algunas notas (desafinadas) sobre el Auditorio de Málaga” , con fecha de 25/06/2013; en él se describen cronologías, responsabilidades e irresponsabilidades, circunstancias (casi todas adversas) para que hayamos llegado hasta aquí, de manera reiterada, habiéndosenos dado, por parte de los encargados, respuestas parciales, incompletas, de parte y, en alguna ocasión, incluso falsas.

Pero si se me ha invitado a exponer mi punto de vista no es solo para que les dé cuenta de lo que ha sucedido (y, de paso, de cómo yo, un mero bufón de corte (4), me siento) sino para que aporte algunos elementos que tienen que ver con lo profesional y lo adecuado (o no) de proyectos como éste:
Llevo años pidiendo una verdadera y eficaz Ley de Mecenazgo que permitiera la colaboración leal y fructífera entre las administraciones públicas y la iniciativa privada; vemos que pasan los años y ninguna iniciativa legislativa es capaz de dar soluciones. Se me dirá: así hacen todas (5) las instituciones. Claro, pero si no fuera por una cierta búsqueda de justicia poética y social (Málaga es la única capital española de más de 250.000 habitantes que carece aún de una infraestructura de este tipo desde 1983), podríamos declarar que no, que el colectivo social de nuestra ciudad (y una población flotante no desdeñable) no merece tal esfuerzo (demagogia económica que ha supurado desde 2007), que ya se ha hecho en otros sectores de la cultura, fomentando el desarrollo museístico, una especie de elixir (6), aunque a ojos del crecimiento económico solo dé para que la restauración y la hospedería crezcan relativamente, con su precariedad de empleo incluida.

¿Son las artes escénicas y musicales verdadero motor de economía cuando en nuestra ciudad se habla de la oferta cultural como alternativa al turismo de sol y playa? Múltiples ejemplos pueden servirnos para subrayar que los destinos que lo han conseguido presentan, incluso, un mejor desarrollo, en general. El proyecto Benedicto/Soriano contaba con todas las condiciones requeridas (hasta el punto de ser vencedor del concurso de ideas) para convertirse en uno de los más eficientes espacios culturales de nuestro entorno: diseño (nada de las buscadas “arqui-esculturas” que tanto nos epatan, pero de dudosa funcionalidad), capacidad escénica, ubicación precisa, contenedor necesario, por ejemplo, de nuestra/nuestras orquesta/orquestas (verdadero dolor de cabeza para unas administraciones que no han sabido dar a entender la enorme importancia de su mantenimiento como estructuras públicas), y una larga nómina de características que podrían aglutinar esfuerzos económicos diversos pero, ay, si en algo nos ha influido sobremanera la permanencia andalusí es en el concepto de reinos de taifas del ámbito cultural: dame mi parcelita que yo la gestiono y si, de paso, cual Macbeth (7), puedo agraviarte políticamente, aunque el rehén sea la ciudadanía, miel sobre hojuelas… Sí, confieso que yo también fui responsable de un intento frustrado de colaboración público-privada al organizar la que tuvo por efímero nombre el de Fundación Carlos Álvarez pero no me arrepiento de mi actuación; sí de la de algunos dirigentes políticos que no estuvieron, digamos, nada bien.

En un momento crucial, “no es de extrañar que precisamente ésta y otras actuaciones que se están desarrollando actualmente en la ciudad, se produzcan en estos momentos y no antes porque es ahora cuando la ciudad tiene la oportunidad de realizar un tránsito desde las complejas herencias urbanísticas de una confusa y discutible etapa anterior hacia la nueva ‘modernidad’ que le ofrece su actual momento de auge económico, cultural y social que le aporta su pujanza turística”. Haciendo un ejercicio dialéctico (puesto que mi posición es contraria), he elegido este párrafo de un artículo del arquitecto José Seguí acerca de la oportunidad de hacer una actuación urbanística muy importante en el puerto de nuestra ciudad; por la confrontación de los extremos podríamos concluir que, nunca mejor que ahora, es el momento adecuado para instar a la consecución de nuestro proyecto estrella cultural para la ciudad. Se puede aducir que hay otras posibilidades para resolver algunos problemas acuciantes con respecto al auditorio: espacios alternativos, mejoras de la oferta lírica y musical, una buena gestión artística de los recursos, el no desembolso de un dinero ¿que ahora no tenemos?… De igual modo, se podría poner el mismo empeño en la mejora de la cosa pública que el que se expresa, desde muchas instancias, en resolver “pegas administrativas” para ese otro proyecto privado. ¿Por qué me he referido a esta polémica? Porque estoy cansado de oír que existe un proyecto de ciudad pero constatando que solo se desarrolla en un determinado sentido.

La reiteración de las bondades y de las positivas consecuencias de tener un Auditorio de las características del proyecto Soriano/Benedicto podría llevar a pensar que se vive en una realidad paralela, en un ideal bohemio (8); anoche, en un canal de la televisión italiana, un actor, gestor además de un teatro de prosa, hablaba sobre el cambio de paradigma en la concepción del turismo cultural, dando la prevalencia a las infraestructuras, temporadas y festivales que, ahora mismo, se están desarrollando en Oriente Próximo. ¿Perderemos también este tren?

En el mundo del escenario el deseo de buena suerte se expresa de muchas y diversas maneras; en el caso de nuestro Auditorio, ya me gustaría que pudiéramos inventar una “ad hoc”: ¡Que llegues a buen puerto!

Óperas referidas, interpretadas por el autor del texto:

  1. La Forza del Destino de Giuseppe Verdi
  2. Le Convenienze ed Inconvenienze Teatrali de Gaetano Donizetti
  3. La Favorite de Gaetano Donizetti
  4. Rigoletto de Giuseppe Verdi
  5. Così Fan Tutte de Wolfgang Amadeus Mozart
  6. L’elisir D’amore de Gaetano Donizetti
  7. Macbeth de Giuseppe Verdi
  8. La Boheme de Giacomo Puccini