Ningún gobernante sensible negará la necesidad vital de la música para una sociedad sana y equilibrada

Diana Pérez Custodio
5 de agosto de 2018

Decía Kandinsky que, muchas veces, una obra de arte es la madre de nuestros sentimientos. Muchos filósofos y artistas han comparado asimismo la música, el arte más inmaterial, con una madre generadora en nosotros de pasiones y vivencias imposibles de experimentar por otras vías.

Y, claro, una madre nunca necesita recibir nada a cambio; es como una fuente inagotable capaz de dar todo, todo el tiempo, sin dolor, sin carencias, sin reproches…no necesita ser escuchada, ni sustento material, ni, sobre todo, protección: ella ha de ser la perenne protectora y estar ahí, disponible, siempre que sus hijos la necesiten.

¿A que el párrafo anterior pone los vellos de punta y resulta del todo políticamente incorrecto? Pues así siento yo que tratamos a las artes, y especialmente a la música, en nuestra sociedad; como si saliera de fuentes mágicas que no necesitan soporte humano ni material para seguir manando.

Ningún gobernante sensible negará la necesidad vital de la música para una sociedad sana y equilibrada; pero cuando se trata de mirar de frente la situación de abandono y carencia límite en que se encuentran las infraestructuras que sustentan la música, siempre aparecen otras prioridades, al parecer muchísimo más importantes, a las que volver el rostro. Madre música seguirá estando ahí siempre que la invoquemos: muchos compositores seguiremos componiendo sin cobrar por ello por puro amor al arte; los conservatorios superiores seguirán produciendo profesionales excelentes aunque sus techos se caigan de ruina y el arpa de estudio no pueda reponer sus cuerdas rotas, porque los profesores y alumnos que allí estamos amamos la música; y los conciertos seguirán existiendo en cualquier rincón, aunque la acústica sea inadecuada y el espacio inapropiado, porque el público también ama la música y la necesita como parte insustituible de su ser. Pero esta situación es, estarán de acuerdo conmigo, políticamente incorrecta; y sí, pone los vellos de punta.

SEÑORES Y SEÑORAS GOBERNANTES SENSIBLES: DEJEN DE MIRAR PARA OTRO LADO. AQUÍ, EN MÁLAGA, NECESITAMOS UN AUDITORIO, Y LO NECESITAMOS YA. MUCHAS GRACIAS.