Mi Orquesta Filarmónica de Málaga

Tomás Marco
24 de noviembre de 2015

CD Tomás MarcoUno es lo suficientemente mayor como para recordar muy bien la puesta en marcha de la actual Orquesta Filarmónica de Málaga. Parece que fue ayer mismo y, sin embargo, han pasado ya veinticinco años. Un cuarto de siglo de impecable servicio a la música y también a la cultura de la ciudad de Málaga y de todo su entorno. Es incluso muy posible que mucha gente aún no haya sabido valorar hasta que punto es importante que una ciudad como Málaga tenga una orquesta sinfónica de primera categoría que debiera ser mimada como el potente foco cultural que es. Pero, valorada o no, su labor es evidente y patente en el contexto musical general y a lo mejor desde fuera lo podemos ver incluso mejor que desde su propio foco.

No soy malagueño ni resido en Málaga pero, como compositor y músico, mi relación con la Orquesta Filarmónica de Málaga no puede ser más fructífera. Solamente como oyente, los conciertos que le he podido escuchar son de una gran importancia. Como seguidor de la vida musical en toda España, me he podido alegrar de ver como la orquesta malagueña es una de las que más de cerca ha sabido cumplir las expectativas que se deben pretender de una institución de su naturaleza. Su atención al gran repertorio así como la cuidadosa búsqueda de directores y solistas para el mismo, es una tarea que no ha descuidado en absoluto. Sin embargo eso es algo que debe compaginarse con muchas cosas más que implican ampliaciones del repertorio, atención a mucha música olvidada que merece escucharse y a las realidades de la propia música histórica de Andalucía y España, apoyo a las nuevas creaciones que merecen no sólo ser estrenadas sino también circular y ser difundidas, programas didácticos que amplíen los núcleos de oyentes y preparen los públicos del futuro, actividades complementarias que incluyen incluso publicaciones, y difusión más general a través de grabaciones de discos y un largo etcétera. Y todo ello porque una orquesta no debe ser sólo un buen instrumentos que en días y horas señaladas nos ofrezca música de calidad sino, por encima de eso, un verdadero foco que irradie cultura musical a todos los niveles.

Personalmente creo que mi relación con la orquesta malagueña, mi propia Orquesta Filarmónica de Málaga, tiene mucho que ver con esa totalidad de enfoque cultural. Pienso que una de sus mejores aportaciones fueron, cuando las circunstancias le dejaron hacerlos, los ciclos de música antigua y música contemporánea. Este último ha tenido una importancia que la pone por encima de la mayoría de las orquestas españolas por la capacidad artística, informativa y creativa que tuvo. Pude acercarme a varios de ellos y constatar su importancia y poseo los documentos, libros y discos, que produjo y que son importantísimos en el desarrollo musical de todo el país en los últimos años. Incluso trabajé para ellos, más allá de mi propia aportación como compositor, atendiendo a varios comentarios musicales y escribiendo un libro en torno a la figura y obra del gran compositor andaluz Manuel Castillo. Publicación pionera que, por cierto, todavía no ha sido proseguida por otros en la medida que el tema merece.

Además tuve el honor de que uno de esos ciclos me tuvieran como protagonista compositivo central escuchándose varias obras mías de diversos formato culminando por la interpretación de la orquesta completa de mi obra “Palacios de Alhambra” con la participación inolvidable de los hermanos Del Valle en los pianos solistas y de Nacho de Paz como director. Esa obra fue llevada al disco por los mismos intérpretes y orquesta y director completaron el volumen con dos obras orquestales de mi autoría : “Escorial” y “Campo de estrellas”.

El disco mencionado fue publicado por la propia Orquesta Filarmónica de Málaga pero no es la única grabación de mis obras realizada por la agrupación ya que no mucho después fue la orquesta escogida para la producción de algunas de mis obras con la marca internacional Naxos. En este caso, y bajo la batuta del Maestro José Serebrier, la orquesta malagueña, grabó tres de mis sinfonías, la “Sinfonía n. 2, Espacio Quebrado” y las dos últimas compuestas hasta aquella fecha, la “Sinfonía n. 8, Gaia´s Dance” y la “Sinfonía n. 9, Thalassa”. No tengo más remedio que reconocer mi contento y mi reconocimiento por el magnífico resultado obtenido que también ha dejado muy satisfecho a la discográfica (que ha realizado posteriormente más cosas con la Orquesta) y que ha tenido una magnífica acogida internacional.

Aunque evidentemente la relación de la Orquesta con mi obra compositiva es algo que me interesa mucho, mi relación admirativa con la Orquesta Filarmónica de Málaga va mucho más lejos. Me gusta seguir su evolución y su madurez y darme cuenta que estos veinticinco años han servido y mucho para una transformación de la vida musical malagueña. Es una orquesta cuyos titulares han sido muy diversos pero que, con sus altos y bajos, no han dejado de aportar cosas quizá porque ayuda mucho el que su gerencia sea una de las mejores de España.

Mi deseo en este veinticinco aniversario es que la Orquesta acabe por ser justamente valorada por los propios malagueños, que la vean como algo propio que merece la pena defender y de lo que hay que estar muy orgullosos. La orquesta es de la ciudad y de los ciudadanos y sirve para proyectarlos a ambos en el ámbito nacional e internacional. Málaga es una ciudad que ha apostado fuerte por la cultura, como lo demuestra su asombrosa y magnífica oferta museística, pero tiene que completar el aspecto musical y para ello ya cuenta con la magnífica realidad de su orquesta. Hay que expandir su acción, apoyar su calidad, diversificar sus posibilidades y, entre mis deseos para su futuro, tiene un lugar principal el de que algún día, cuanto más cercano mejor, pueda llegar a disponer de ese auditorio donde podrá explotar en toda su magnificencia la calidad sonora que atesora.