Es el momento de ver a las administraciones públicas trabajando por el Auditorio de la Música

Es el momento de ver a las administraciones públicas trabajando por el Auditorio de la Música
16 de diciembre de 2018
Carlos de Mesa

El “movimiento ciudadano” que reclama el Auditorio de la Música, desde su inicio, ha planteado sus acciones en razón y fundamento de un ideario. Un ideario en el que se consideraba como punto principal hacer partícipe de la reclamación del Auditorio a la inmensa mayoría de los ciudadanos.

El Auditorio de la Música nace de manera intencionada con el eslogan o mensaje de “El Auditorio de todas las músicas”; todos los ciudadanos tenían que hacer suya la reclamación del mismo, verse en él disfrutando de conciertos de sus músicas preferidas. El Auditorio tenía que concebirse como un espacio público al servicio de todos los ciudadanos, había que incorporar a la Ciudad en el sueño de verse disfrutando de grandes espectáculos escénicos-musicales, en las mejores condiciones escenográficas y en las mejores condiciones de confort y acústica para el público.

Parece que no es muy oportuno considerar el Auditorio para un uso prioritario, casi exclusivo, de un género musical, dejando al resto de las músicas un lugar secundario, minoritario e incluso anecdótico. Esto a lo que ayuda es a situar al Auditorio como un equipamiento elitista, que en nada favorece para seducir a la Ciudad en la  reclamación del mismo.

El “movimiento ciudadano” ha dado voz a los ciudadanos, a través de su plataforma de reclamación  dispuesta en Internet, en la que miles de personas han confirmado su apoyo a la reclamación del Auditorio y han dejado miles de mensajes de una gran emotividad. Se ha propiciado que las redes sociales se  inunden de cientos de tarjetas mensajes reclamando el Auditorio, de todo tipo de personas comprometidas con la cultura y con la música.

Se ha dado voz a los artistas y profesionales de la música, de todo género de música: Javier Claudio Portales, María José de la Torre y Juan Manuel Cabra Apalategui, por la música clásica; Cristina García Pinto y Pablo García Martinez, por el teatro musical; Antonio Fernández “Fosforito”, Rocio Bazán y Manuel Fernández Maldonado, por el flamenco; José Carra, Javier Domínguez y Mónica Fernández García-Agulló, por el jazz; Lole Almagro, Isabel Guerrero y Alberto Jiménez por el pop-rock. Las intervenciones de estos artistas y profesionales de la música han sido como narraciones de unos sueños en los que ellos se veían en el Auditorio disfrutando de grandes espectáculos de las músicas que les hacen vibrar. Hemos conocido sus sueños de cómo podría crecer la oferta de esos grandes espectáculos, de cómo el Auditorio podría potenciar la creación e interpretación de todos los géneros musicales, de cómo el Auditorio podría convertirse en el referente del gran proyecto musical de Málaga, el proyecto que late en los corazones de todos ellos. Todo ha quedado grabado.

También se ha dado voz, en el escenario, en concierto, reclamando el Auditorio: al mundo de la copla, en un espectáculo amadrinado por Adelfa Soto, con aristas de reconocido prestigio como Celia López,  Lidia Gómez, Lola García, Mariló Ruiz, Raquel Framit, acompañadas al piano por el maestro Guillermo Carretero; al mundo del jazz con la Escuela de Jazz de la AMyP, el Combo Jazz del CSM de Málaga, Virginia Nölting con Jesús Durán al piano y  La Insostenible Big Band, con Eva Jiménez de vocalista y Antonio Lara, dirigiendo.

Cerrará este programa de “Conciertos por el Auditorio de la Música de Málaga”  2018, el espectáculo liderado por nuestro querido y admirado Carlos Álvarez, con el  nombre “Carlos Álvarez y amigos cantan a la Navidad”, en el que la familia de la lírica de Málaga desea, de esta forma, cantando, reclamar el Auditorio para Málaga. En el concierto, apadrinado por Manuel Gámez, el Padre Gámez, don Manuel, participarán Carmen Ariza, Diego Morales, Francisco Arbós, José Antonio Ariza, Lourdes Benítez, Lourdes Martín, Lucía Millán y Mónica Campaña, todos acompañados al piano por Mª Carmen Pérez y José Manuel Padilla.

Y es que cuando, como en el presente caso, se trata de impulsar la propuesta de acometer un equipamiento cultural de gran alcance y de un alto coste, deseando que la misma cuente con el sustento y el aval de la inmensa mayoría de la ciudadanía, es muy importante canalizar el empuje y los deseos de ésta. No son argumentos técnicos los que van a conseguir movilizar a la Ciudad, entusiasmarla, implicarla con la propuesta, demandarla con contundencia; son los deseos, las ilusiones y los sueños, los motivos que pueden hacer a la ciudadanía sentirse comprometida, sentir esta propuesta como algo propio.   

Los argumentos de la necesidad técnica del Auditorio, avalada por documentos técnicos, son muy interesantes para un reducido número de ciudadanos, de expertos, pero de escaso interés para la mayoría de aquellos. Es conveniente e interesante considerar que los ciudadanos sentimos más los deseos que las necesidades, cuando estas no son las básicas. Las necesidades de lo común, de lo público, no se perciben bien por los ciudadanos, más bien se perciben como algo lejano, distante, son consideradas como un asunto que no afecta, que es cosa de otros.

Al objetivo de comprometer a la inmensa mayoría de los ciudadanos, hay que sumar el compromiso de los creadores, de los artistas, de las empresas, de las entidades financieras: es decir de toda la sociedad civil. No es sólo cuestión de construir un importante edificio, de estética sobresaliente, equipamiento técnico moderno y servicios de excelencia; la cuestión es poner a disposición de la Ciudad y su entorno metropolitano, una oferta de gran calado artístico escénico-musical para disfrute de los residentes y de atractivo reclamo para la asistencia de los visitantes. Y en la propuesta-reclamación del Auditorio de la Música debemos estar todos: los ciudadanos aficionados que ocuparemos la platea del futuro Auditorio, los protagonistas creadores y artistas que dispondrán los espectáculos en el escenario y las empresas y entidades financieras que deberán propiciar la viabilidad de un modelo de gestión eficaz y eficiente del mismo.

El llamado “movimiento ciudadano” que reclama el Auditorio de la Música, creo que ha hecho y está haciendo, con cierta eficacia, el trabajo que le corresponde: ha logrado en seis meses, establecer un sentimiento de compromiso en la ciudadanía, ha puesto en la agenda de los poderes públicos, con cierta prioridad, el asunto del Auditorio de la Música, y ha movido a los medios de comunicación social a situarlo como un asunto de interés social.

La aspiración de que Málaga disponga de un Auditorio de la Música llevaba cinco años durmiendo, en silencio, sin molestar, sin perturbar a las administraciones públicas, sin inquietar a los poderes públicos, después de que el 24 de junio de 2013 se liquidara por la Administración General del Estado la iniciativa que estuvo a punto de conseguir el soñado Auditorio.

Ahora, no se trata, para nada, de confrontar ni ridiculizar a ninguna administración o poder público, se trata de invitar a todas las administraciones y poderes públicos a que se pongan a trabajar para dotar a Málaga de su deseado-necesario Auditorio de la Música, esto es lo que desea la ciudadanía.

Seguiremos en el compromiso. Muchas felicidades en las próximas Fiestas de Navidad.